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El daño hacia el páncreas es irreversible. ¡Protégelo!

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pancreasEl páncreas es un órgano localizado en el abdomen por detrás del estómago y posee dos tipos de función: la endócrina, encargada de segregar sustancias que van a la sangre como las hormonas y, la exócrina, segrega sustancias que van hacia el tubo digestivo como las enzimas digestivas, comisionadas a dividir las proteínas, carbohidratos y grasas en moléculas más pequeñas para que se puedan absorber en el intestino.

Este órgano tiene un conducto por el que salen las enzimas al intestino (duodeno) y que está estrechamente conectado con otro conducto (colédoco), por donde pasa la bilis proveniente de la vesícula y del hígado.

Ahora bien, cuando el páncreas se inflama ocurre una pancreatitis aguda o crónica. La primera, se desarrolla rápidamente y persiste relativamente poco tiempo. Puede derivarse de una intensa inflamación debido a la activación de las enzimas dentro del mismo órgano o, extenderse a todo el cuerpo. Ésta se inicia con un dolor penetrante en la boca del estómago, que se puede correr hacia la espalda o alrededor del abdomen. Puede venir aunado de náuseas o vómitos.

La causa más frecuente es la presencia de piedras en la vesícula, que pueden salir por el conducto colédoco las cuales obstruyen el conducto pancreático, la ingestión abundante de alcohol, como también el aumento de triglicéridos en la sangre. La realización de un estudio de las vías biliares por medio de la endoscopia puede provocar este tipo de pancreatitis. Otras causas son: golpes abdominales fuertes, veneno de alacrán, elevación de calcio en la sangre, parásitos (áscaris), entre otros.

La pancreatitis aguda puede tener una evolución benigna, a excepción de algunos casos, donde evoluciona de manera muy grave afectando a todo el organismo. Puede manifestarse con falla respiratoria, sangrado gastrointestinal, infecciones del páncreas, abscesos, falla renal, etc. Debe ser tratada dentro de un hospital.

El pronóstico de los pacientes con pancreatitis aguda es de un 75% a 80% tienen evolución benigna, con resolución del problema sin complicaciones y, el 20% a 25% tienen una pancreatitis complicada.

Por otro lado, la pancreatitis crónica es la inflamación del páncreas a lo largo de mucho tiempo, lo que conduce a la cicatrización del órgano y en ocasiones al desarrollo de piedras. Éstas pueden tapar los conductos, produciendo dolor. Debido a la disminución del tejido pancreático, con el paso de los años fallan las dos funciones del páncreas: la producción de insulina, por lo que el paciente desarrolla diabetes mellitus y, la deficiencia de enzimas pancreáticas de la digestión por lo que se presenta diarrea crónica con presencia de grasa y alimentos no digeridos en las evacuaciones, lo que conlleva a la pérdida de peso.

La causa principal es el abuso crónico de alcohol. Otras causas son hereditarias, por elevación crónica de calcio o triglicéridos en la sangre, idiopáticas (término en medicina para referirse a una causa desconocida), autoinmune (anticuerpos contra el propio páncreas), obstructivas (algo que obstruye el flujo del conducto pancreático como piedras) y otras.

La lesión crónica del páncreas puede dañar sus terminales nerviosas y producir dolor repetido que en ocasiones es intenso. Este dolor puede aumentar después de las comidas. Se usa enzimas para controlar el dolor como tratamiento y mejorar la absorción de alimentos y, la revisión constante de la diabetes.

Una vez que el páncreas ha perdido su función, el daño del páncreas no es reversible. El paciente deberá continuar con medicamentos y dieta. En ocasiones, el paciente debe ser intervenido por vía endoscópica para colocar catéteres que liberen la obstrucción de los conductos. En algunos casos es necesario realizar cirugía pancreática, sobre todo cuando hay dolor insoportable. En casos extremos puede ser necesario resecar completamente el órgano.